La revista del mundo cooperativo Publicaciones y formación sobre métodos cooperativos

El Sueño Americano en Declive: Resistencia Democrática

El sueño americano en declive

El 05/02/2026

El desmantelamiento de los mitos nacionales nunca es fácil y suele ir acompañado de violencia. Nos encontramos precisamente en un momento así. Durante generaciones, Estados Unidos ha construido su identidad sobre ideales poderosos: el sueño americano, defensor reacio y a veces intransigente del mundo libre.
Estos relatos llevan años erosionándose, vaciados de contenido por las desigualdades internas, las guerras interminables y el debilitamiento constante de las normas democráticas a escala mundial.

El sueño americano en declive

La semana pasada marcó una ruptura decisiva. Las acciones del presidente Trump sitúan ahora a Estados Unidos en la categoría de las naciones parias, promoviendo abiertamente la expansión territorial, indiferentes al derecho internacional y dispuestas a aplastar la disidencia interna mediante la violencia, la intimidación o la corrupción de sus propias instituciones.

Impulsado por el narcisismo y la inseguridad, obsesionado con la dominación, siempre exige más: más poder, recubierto de más mentiras.

El derrumbe del mito no es solo simbólico; remodela la manera en que se ejerce el poder, en que se justifica la violencia y la rapidez con la que una democracia puede hundirse en algo mucho más oscuro.

Las invasiones transfronterizas tienen una historia larga y violenta. La mayoría de las veces son el resultado de políticas internas fracasadas, ambiciones imperiales y dirigentes que buscan afianzar su legitimidad mediante la fuerza.

Todos conocemos la historia. En 1935, el colapso económico y el aislamiento diplomático empujaron a Mussolini a invadir Etiopía. En 1939, Hitler utilizó una falsa acusación de ataque inminente para justificar la blitzkrieg contra Polonia. Patrones similares se han repetido.

Esta vez es nuestro propio gobierno, con el presidente Trump, quien amenaza con apoderarse de Groenlandia mediante la fuerza militar o la coerción económica. La toma de territorios soberanos ha costado la vida a millones de personas.

Precisamente por eso, en 1945 se instauró un orden internacional basado en normas, destinado a contener los peores impulsos del poder y evitar que los ciclos catastróficos de la historia volvieran a repetirse.

El presidente Trump no ha aprendido esa lección. Y, sin embargo, la historia también nos enseña algo esencial: todos los dirigentes autoritarios han acabado perdiendo su control sobre el poder. Cada uno de ellos dejó tras de sí devastación. Cada uno deformó las instituciones y normalizó la crueldad. Pero pocos perduraron. Esta verdad es importante, especialmente hoy.

La experiencia democrática estadounidense podría demostrar aún su resiliencia. Está anclada en ideales que trascienden fronteras y generaciones: el Estado de derecho, la dignidad humana y la afirmación radical de que la soberanía pertenece, en última instancia, al pueblo.

Nosotros, el pueblo, seguimos teniendo una voz, un voto y la capacidad de resistir pacíficamente los intentos de un rey americano autoproclamado o de un dictador en potencia que busca remodelar la nación o el mundo a su imagen.

Mientras celebramos el Día de Martin Luther King Jr., sabemos que la renovación democrática nunca ha surgido del silencio o la comodidad. Ha surgido del coraje, la solidaridad y la claridad moral. El valor demostrado por los manifestantes en Minneapolis y en todo el país da testimonio de esta tradición. Son las personas que se oponen a la injusticia, y no el poder bruto, quienes determinarán el curso de nuestra historia.

Sam Worthington Ciudadano estadounidense,

autor | Investigador emérito | Activista humanitario | Defensor de los derechos humanos | Líder de la sociedad civil y de ONG internacionales | Asesor estratégico | Miembro de consejos de administración | Mentor ejecutivo | Antiguo presidente-director general de InterAction.

Photo from Daniel Gregoire from Unsplash