Parcoursup, falta de docentes y un futuro incierto: miles de estudiantes de secundaria se manifiestan en toda Francia. Los dirigentes de los Scouts y Guías de Francia, respaldados por un movimiento de más de 100.000 miembros, interpelan a los adultos y a las instituciones para reconstruir la confianza con la juventud y, con ello, fortalecer la democracia.
Desde hace varios días, cientos y luego miles de estudiantes se han movilizado para defender su derecho a recibir una educación en buenas condiciones, contar con más docentes o al menos con sustituciones de los profesores ausentes, y expresar importantes inquietudes sobre su futuro, especialmente en relación con Parcoursup, cuyas limitaciones son ampliamente conocidas.
Ante estas reivindicaciones, la respuesta ha sido principalmente represiva. Las instituciones han optado por la confrontación, mientras numerosos adultos presentes en los medios han hablado en lugar de los jóvenes, negándose a tomar en serio sus palabras y llamando constantemente a condenar la violencia, como si el problema pudiera reducirse únicamente a eso. Muy pocos se han situado a su lado, salvo numerosos docentes, profesionales de la educación e incluso padres.
Saber escuchar
Creemos que debemos escuchar. Este momento no es simplemente un episodio, una secuencia ni un desorden que deba contenerse. Estos jóvenes expresan una indignación profunda en el seno de una sociedad que parece haber renunciado a escucharlos, comprenderlos y tener en cuenta sus preocupaciones.
Como dirigentes de los Scouts y Guías de Francia, el movimiento de educación popular más importante de Francia con más de 100.000 miembros, sentimos la necesidad de afirmar nuestra voluntad de confiar en la juventud. La confianza es el fundamento mismo de toda relación educativa y nos exige negarnos a considerar a un joven como sospechoso antes incluso de que haya comenzado el diálogo.
Una ruptura de confianza
Los jóvenes no son responsables de la ruptura de confianza que los ha llevado a esta situación. La responsabilidad es, ante todo, institucional. Nuestra sociedad impone elevadas exigencias a la juventud mediante una visión meritocrática, ya sea en la educación, el compromiso ciudadano o los aprendizajes no formales. Debe asumir las consecuencias de esas exigencias y proporcionar las condiciones materiales necesarias para responder a ellas.
Por supuesto, la desconfianza hacia la juventud cuando toma la palabra en el espacio público no es algo nuevo. Pero recordémoslo: la confianza debe darse antes de poder recibirse.
La confianza antes que la violencia
La confianza en la juventud es una condición indispensable para construir sociedad.
La violencia no es una solución. La violencia ejercida contra jóvenes que se movilizan no es menos condenable que la cometida por algunos de ellos. Al contrario, reprimir con dureza la expresión de una juventud que plantea reivindicaciones legítimas solo añade más ruptura a una situación ya deteriorada.
Este camino de la confianza es difícil para nosotros, los adultos, y, aunque somos un movimiento educativo, no siempre hemos estado a la altura de esa exigencia. Sin embargo, cada semana, decenas de miles de jóvenes y educadores de nuestro movimiento se reúnen utilizando el método educativo del guidismo y del escultismo, cuyo propósito es formar ciudadanos felices, útiles, activos y constructores de paz.
Herramientas para resolver los conflictos
Somos practicantes del diálogo y del rechazo de la violencia. La vida en equipo, los proyectos elegidos y desarrollados conjuntamente con otras personas de distintos orígenes y expectativas, la Ley y la Promesa Scout, así como el valor de la palabra dada, forman parte de nuestras herramientas educativas.
Algunos considerarán estas herramientas anticuadas y otros las juzgarán ingenuas. Sin embargo, funcionan desde hace más de cien años. A pesar de la inteligencia artificial, del cambio climático y de las relaciones debilitadas por la crisis de la Covid, siguen permitiendo que los jóvenes aprendan a resolver conflictos sin aplastar al otro, a expresarse sin violencia y a escuchar sin renunciar a hablar.
Dar un lugar en las decisiones
La sociedad no necesita que los jóvenes callen; al contrario, necesita que se impliquen en la comunidad, defiendan sus ideas y sean escuchados.
Escuchar no basta. También es necesario darles un lugar en la toma de decisiones. Asociar a los jóvenes a las decisiones que les afectan es una manera concreta de demostrarles confianza. En particular, animamos a los estudiantes de secundaria a participar en los espacios de diálogo y concertación existentes en sus centros educativos.
Sepamos, pues, confiar en ellos, capacitarlos y permitirles asumir su lugar y sus responsabilidades en la sociedad. Ayudemos a restaurar la confianza entre jóvenes, adultos e instituciones para contribuir a reconstruir la democracia. Estamos dispuestos a asumir nuestra parte de responsabilidad.