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¿Dónde han ido los pacifistas?

El 17/03/2026

¿Cuánto tiempo se necesita para despertar la conciencia cuando duerme profundamente? Millones de refugiados, campos de ruinas, fosas comunes abiertas, seres humanos masacrados, mujeres violadas, explosiones en todas las pantallas, armas y guerra en todos los discursos… ¿Cómo poner en movimiento la conciencia tanto de los “decisores” paranoicos como de los “seguidores” despreocupados para detener las carreras desquiciadas del mundo?

Sin brújula

Podríamos haber creído que la “mundialización” reuniría a la humanidad con sus miles de millones de dólares, de paquetes, de barriles, de turistas y de coches que van y vienen, pero en realidad la conciencia universal avanza como sonámbula, sin la brújula de leyes que preserven el bien común frente a los depredadores ávidos.

Antaño, inmensos desfiles para imponer la paz marcaron el siglo; hoy desfilamos por nuestros salarios, nuestros privilegios, nuestras opciones ideológicas, pero nos falta una voz lo bastante fuerte como para llamarnos a bajar en masa a las plazas gritando:

“PAZ, PAZ, PAZ”

Armisticio

Grandes del mundo, por favor, olvidad vuestros arrebatos paranoicos, subid a vuestros grandes aviones, ocupad los salones acolchados de las modernas torres de Babel para hablar por fin solo del único progreso que merece la pena: la PAZ, quererla, buscarla, elogiarla, profundizarla, construirla, sostenerla… Si no, al final, ¿para qué sirve ese famoso progreso?

¿Para producir más armas, proteger montañas de oro cada vez más altas, extender bálsamos tranquilizadores sobre las heridas más sangrantes, contaminar siempre más, elevar una y otra vez los muros de las fronteras? Dirigentes de este mundo, despertad, despertadnos, la pesadilla se vuelve insoportable.

Profecía

¿Dónde han ido los pacifistas, las grandes conciencias, los ciudadanos del mundo, los artistas comprometidos?, se pregunta el viejo hombre que soy. Ya solo veo a los niños como profetas: los que mueren sin haber podido vivir, los que sobreviven en el polvo, los que juegan en el patio de la escuela, los que nos abrazan mañana y noche; sin cesar intentan pedirnos otro futuro.

En cuanto dejamos nuestros juegos crueles de adultos y les damos un poco de paz, juegan juntos, blancos o negros, ricos o pobres, religiosos o nada en absoluto; son hermanos en la familia humana que juegan para crecer y soñar con otro mundo. ¿Cuándo dejaremos de envenenarlo todo con el veneno de la violencia?

Sin duda no soy más que un viejo loco que sueña despierto… Pero, ¡por el amor de Dios!, que todos los locos soñadores, de todas las edades, invadan en masa todas las plazas y las calles gritando sin fin:

¡PAZ! ¡PAZ! ¡PAZ!

Michel SEYRAT

Photo: © MEGHDAD MADADI / TASNIM NEWS / AFP