La competencia y la guerra no permitirán resolver los problemas mundiales
Las Naciones Unidas acaban de publicar el Informe 2026 sobre la financiación del desarrollo sostenible (FSDR), que subraya una realidad brutal: la fragmentación geopolítica actual paraliza los esfuerzos para resolver los problemas mundiales más críticos. Tres ejemplos muestran hasta qué punto los enfoques basados en la competencia o el repliegue alcanzan sus límites.
El fracaso del «cada uno para sí» frente a la pobreza
El informe de la ONU advierte que las tendencias de financiación retroceden por primera vez en décadas. Los países desarrollados, al reducir su ayuda internacional para centrarse en sus propios desafíos internos o en su armamento, agravan la angustia social en los países del Sur. Si un país se aísla, los problemas sociales (migraciones forzadas, inestabilidad política) acaban cruzando sus fronteras. La cooperación ya no es una opción moral, sino una necesidad para la estabilidad global.
El enfoque «One Health»: la interdependencia biológica
La cumbre One Health Summit celebrada esta semana (en particular con el lanzamiento del Observatorio Mundial de los Microbiomas) ilustra que la salud humana no puede tratarse en compartimentos estancos. No se puede resolver el problema social de la salud pública sin cooperar en la protección del medio ambiente y de la salud animal. Una bacteria resistente o un virus no conoce fronteras; solo un enfoque cooperativo de vigilancia e investigación permite una respuesta eficaz.
El paradoja de la energía y las desigualdades
El nuevo choque energético vinculado a las tensiones en Oriente Medio (especialmente las perturbaciones en el estrecho de Ormuz) golpea de lleno a las economías más frágiles, agravando la precariedad energética. En lugar de lanzarse a una carrera por los recursos para asegurar sus propios suministros, una gestión cooperativa de los mercados energéticos y una aceleración conjunta de la transición hacia las renovables son las únicas vías para evitar una explosión de la pobreza energética a escala mundial.
En resumen
La actualidad muestra que los problemas sociales más urgentes —ya se trate del hambre, del acceso a la atención sanitaria o del coste de la vida— son sistémicos. Cada vez que un país elige la competencia o la fragmentación, debilita la red de seguridad global, haciendo el problema más costoso y más difícil de resolver a largo plazo.
Dominique BÉNARD