La egocracia
El neologismo «egocracia» se define en la página web de la lengua francesa como el sistema de gobierno en el que predomina el orgullo de los dirigentes. Un egócrata ejerce su poder abusando de su autoridad y anteponiendo su ego y sus intereses a los de los ciudadanos o de la comunidad. El poder se concentra en él, la información se manipula para servir a su imagen en una política del espectáculo, se ignoran o incluso se reprimen las fuerzas de oposición, se menosprecia o se persigue a los opositores, y el bien común se privatiza en beneficio de uno solo.
Una actitud
La egocracia no se limita a las esferas políticas; puede manifestarse en los negocios, la vida familiar, las asociaciones, las organizaciones religiosas y otras estructuras de poder. Los grandes egócratas tienden, por su omnipresencia, a convertirse en modelos para todos los narcisos de poca monta, los mandamás de poca monta, los guías más o menos supremos, los perversos narcisistas, etc.
Las resistencias
Cuanto más viva es una democracia, más permiten la vigilancia de los ciudadanos, la resistencia colectiva y la preservación de los organismos intermedios y de cooperación limitar los efectos perversos de las egocracias al interconectarse, cooperar y reforzarse mutuamente, ¡no sin riesgo para los resistentes! Los educadores deben comprometerse a fomentar el espíritu de compromiso cívico responsable y a enseñar a los niños que tienen derecho a decir «no» y a que se respete su negativa.
Los resistentes
Mientras escribía estas líneas, tres hechos venían a reforzar mis palabras. El 5 de junio es el «aniversario» de la resistencia del Hombre del Tanque, en 1989, en la plaza de Tian’anmen, aquel activista desconocido que, en solitario, detuvo los tanques de la represión, antes de ser «secuestrado» por cuatro hombres y llevado hacia un destino desconocido, convirtiéndose en un símbolo inmortal, ocultado con saña por los dirigentes chinos. El 29 de mayo falleció Edgar Morin, al menos su cuerpo, pero no su pensamiento, y, entre sus numerosas reflexiones recordadas, dos frases respondían a los egócratas: tras una breve reflexión sobre su vida, concluía «Soy todo lo que he encontrado», y en otra entrevista terminaba, tras un momento de silencio, con «…Y luego crear a tu alrededor un oasis de fraternidad». Por último, el 25 de mayo, León XIV presentó *Magnifica humanitas*, una encíclica en la que, entre otras reflexiones sobre la IA, subraya la urgencia de transformar el conocimiento compartido en bien común y no en una herramienta de dominación.
¿Y entonces?
Así pues, los Augusto Imperator, los Luis XIV, Mussolini, Stalin, Hitler y Pol Pot, por citar solo a los que ya han fallecido, están bien muertos (¡tras haber impedido a muchos de sus contemporáneos vivir plenamente y en paz!), pero la ambición tiránica no parece haber sido enterrada con ellos en sus frágiles tumbas. Por lo tanto, es fundamental que los ciudadanos y las organizaciones sociales se mantengan vigilantes y unidos para hacer frente a los intentos egocráticos y defender los valores democráticos, lo que sigue siendo, ahora y siempre, una exigencia y un riesgo.
Michel SEYRAT