La revista del mundo cooperativo Publicaciones y formación sobre métodos cooperativos

Copa del Mundo

Copa del Mundo

El 27/06/2026

Jugar con un balón es algo que viene de tiempos inmemoriales, aunque el señor Goodyear haya mejorado mucho este objeto que mueve a multitudes enormes. Esa bola sagrada debe aportar algo a la sociedad humana para tener tanta influencia.

Tranquilos, conozco los pecados del Mundial de fútbol: derroche de dinero, tráfico de influencias, triunfo de los autócratas, desastre ecológico, delirios de las apuestas, etc. No los minimizo. Pero, en fin, para que el fútbol —y también el rugby o el baloncesto— entusiasmen y movilicen a tanta gente de todos los países, condiciones, religiones, niveles de formación, edades, culturas y niveles de vida, deben esconder sin duda virtudes sin fronteras.

Inteligencia colectiva

Creo que, ante todo, se trata, por supuesto, del «juego de los jugadores» según las reglas, su destreza, su rendimiento, su arte y su capacidad para interpretar las situaciones. El equipo fomenta la cooperación entre estos individuos para que, de forma espontánea y gracias a una inteligencia colectiva, desarrollen una coherencia tácita, acciones concertadas y el apoyo necesario para lograr hazañas.

Más allá de las estrategias elaboradas en los entrenamientos, se trata de la creación inmediata de una inteligencia compartida, como la que guía a cada sardina del banco ante la llegada de un depredador. Cuando este proceso «funciona a pleno rendimiento», conmueve a los espectadores, llamados a compartir esta elaboración colectiva y permanente del juego, esta sinfonía improvisada, que transforma cada gran partido en una aventura de inteligencia colectiva que se adapta a cada cambio e inventa sin cesar.

Fervor popular

La condena a jugar un partido sin público es terrible para los equipos. La gran ópera de los jugadores necesita los coros del público, sus movimientos de ballet colectivo, la gestualidad de los aficionados con bufandas, estandartes, tifos desplegados por toda una grada, etc. Los silencios densos y los gritos desenfrenados, los cánticos de tantas voces desafinadas que, juntas, crean la melodía correcta, la comunión que apoya a tal equipo sin por ello odiar al necesario rival; en definitiva, el partido, los equipos y el estadio construyen juntos una creación cultural compartida que hace estremecer a los participantes.

Y hace falta un fervor que…

Michel SEYRAT