Copa del Mundo
Jugar con un balón es algo que viene de tiempos inmemoriales, aunque el señor Goodyear haya mejorado mucho este objeto que mueve a multitudes enormes. Esa bola sagrada debe aportar algo a la sociedad humana para tener tanta influencia.
Tranquilos, conozco los pecados del Mundial de fútbol: derroche de dinero, tráfico de influencias, triunfo de los autócratas, desastre ecológico, delirios de las apuestas, etc. No los minimizo. Pero, en fin, para que el fútbol —y también el rugby o el baloncesto— entusiasmen y movilicen a tanta gente de todos los países, condiciones, religiones, niveles de formación, edades, culturas y niveles de vida, deben esconder sin duda virtudes sin fronteras.
Tranquilos, conozco los pecados del Mundial de fútbol: derroche de dinero, tráfico de influencias, triunfo de los autócratas, desastre ecológico, delirios de las apuestas, etc. No los minimizo. Pero, en fin, para que el fútbol —y también el rugby o el baloncesto— entusiasmen y movilicen a tanta gente de todos los países, condiciones, religiones, niveles de formación, edades, culturas y niveles de vida, deben esconder sin duda virtudes sin fronteras.