La revista del mundo cooperativo Publicaciones y formación sobre métodos cooperativos

Cooperar para aprender

El 27/05/2026

Cooperar se impuso a los seres humanos tanto para aprender como para defenderse. El niño, al nacer, tiene tanto que aprender que “hace falta toda una aldea para criarlo”. Pero la acumulación exponencial de saberes llevó a las estructuras educativas a privilegiar los aprendizajes magistrales dirigidos a grupos pasivos de destinatarios, en lugar de facilitar procesos de adquisición colectiva basados en cooperaciones. Sin embargo, no faltan medios para aprender cooperando, aunque con demasiada frecuencia falta el esfuerzo voluntario de ponerlos en práctica. Pero todas y todos podemos impulsar su desarrollo.

En la escuela

En la escuela podemos valorar los ejercicios de trabajo en equipo sobre presentaciones colectivas, trabajos prácticos, la organización de actividades de sensibilización de la clase sobre seguridad, medio ambiente, empatía, etc. Podemos ayudar a la creación de clubes en la clase o en la escuela: lectura, ciencias, actividades diversas… También podemos valorar positivamente todas las iniciativas de tutoría entre pares. Las iniciativas de los docentes en favor de los aprendizajes cooperativos suelen ser denigradas por padres demasiado ansiosos o autoritarios.

Del instituto a la universidad

Algunos programas de secundaria y bachillerato fomentan aprendizajes colectivos a través de proyectos de colaboración interdisciplinaria destinados a producir una exposición, una película, un mural… Reglamentaciones minuciosas y temerosas complican los intercambios escolares, los viajes de clase, las asociaciones internacionales con otros centros para actuar juntos a pesar de las diferencias… Competiciones académicas como las olimpiadas de matemáticas requieren que los alumnos formen equipos para concursar, etc.

En los estudios de orientación tecnológica, los proyectos colectivos —a menudo muy innovadores— son frecuentes, como también en los estudios superiores, donde se recomienda la participación en seminarios, grupos de investigación o talleres colaborativos, aunque no siempre se facilite.

Cuando la cooperación está integrada, favorece no solo los aprendizajes académicos, sino también el desarrollo de competencias sociales y profesionales. Pero con demasiada frecuencia parece más sencillo llenar un anfiteatro que confiar.

En la vida cotidiana

Cada día se observan más los beneficios de los grupos de intercambio y de compartir experiencias y conocimientos. Se conocen bien en los sectores de la salud o las adicciones, pero también se desarrollan en ámbitos tan variados como la jardinería, el bricolaje, la mecánica, e incluso el aprendizaje musical o lingüístico.

A menudo, proyectos de protección de un monumento, del medio ambiente, de la cultura local o de una producción local excepcional llevan a los participantes a aprendizajes y actividades que nunca habrían emprendido solos. Muchas bandas de música de pueblos han llevado a todo un distrito a la expresión musical.

En los hackatones, equipos colaboran para desarrollar soluciones innovadoras en un tiempo limitado. Muchas otras formas de maratones llevan así a los participantes a superarse. Y muchos constatan que la cooperación les ha aportado mucho más que la competición. Ojalá algunos grandes de este mundo lleguen a convencerse.

Con la IA

Sorprende y asusta el rápido desarrollo de los diálogos con los medios llamados de Inteligencia Artificial, pero, pese a todos los riesgos de estas colosales bases de datos, se observa que constituyen un poderoso sistema de «cooperación para aprender». Se pregunta y se reciben respuestas compartiendo conocimientos. Según las preguntas, las respuestas se adaptan, personalizando el aprendizaje.

El diálogo genera una cocreación de las ideas y conceptos intercambiados. Se profundiza en el tema y se lo cuestiona de manera crítica. Por la dinámica de los intercambios se instaura un aprendizaje activo que muestra que todos aprendemos unos de otros, como antaño los peripatéticos del Liceo de Aristóteles.

Michel Seyrat

El número 18 de Approches Coopératives, cooperar para aprender, está dedicado a las pedagogías cooperativas en la educación formal y no formal.**